Lucía Herrero se traslada a Cheste, desde Corcolilla, cuando sus hijos empezaron la escolarización. Ya había visitado la población en otras ocasiones haciendo estancias de fin de semana en la Granja Escuela de las Hermanas Chavas y con parte de su familia que ya residía en esta población, los Corcolilla. Nos relata con estima su enamoramiento de la sociedad chestana y, especialmente, de las mujeres. Su marido trabajó en Lois durante muchos años y ella se dedicó a la confección, haciendo encargos y cosiendo en casa hasta que más adelante abrió la tienda en la que trabajó hasta su jubilación. Del comercio nos relata el cambio en el trato, el contacto con los y las clientas, la confianza, la estima y el sentimiento de vecindad, nos habla de sus clientes como sus amigos, y nos cuenta con tristeza cómo ha cambiado esta relación. También nos habla de lo que suponía en aquél entonces, que una mujer tuviera un negocio y de la primera vez que fue ella sola a Abastos a por el género. Lucía es una mujer trabajadora que siempre ha tenido muy clara la igualdad entre hombres y mujeres.
